El INEGI reportó que la inflación anual en México bajó a 3.37 por ciento en junio de 2026, acumulando dos meses consecutivos a la baja. Este resultado representa una señal positiva para la economía mexicana y coloca al indicador dentro del margen objetivo del Banco de México, cuya meta es mantener la inflación en 3 por ciento con un margen de un punto porcentual en cada sentido.
El descenso de la inflación es resultado de una combinación de factores. La política monetaria restrictiva del Banco de México, que mantuvo tasas de interés elevadas en los últimos dos años para anclar las expectativas inflacionarias, ha comenzado a dar frutos. La estabilización de los precios internacionales de las materias primas y la energía también ha reducido la presión sobre los costos de producción.
La inflación subyacente, que excluye los precios de alimentos energéticos y agrícolas no procesados, también mostró una trayectoria descendente en junio, reflejando una tendencia más estructural en la moderación de precios. Esto es especialmente relevante para el Banco de México, que presta atención particular a este componente para evaluar las presiones de demanda.
Para las familias mexicanas, la moderación de la inflación tiene un impacto directo en su capacidad de compra. Los incrementos salariales pactados en los contratos colectivos del primer semestre del año, que en promedio rondaron el 6 por ciento, superan ampliamente a la inflación actual, lo que implica una mejora en el poder adquisitivo de los trabajadores formales.
Para las empresas, la desinflación también trae alivio. Los costos de producción se estabilizan, lo que facilita la planeación financiera y mejora los márgenes operativos. La perspectiva de que el Banco de México inicie un ciclo de reducción de tasas de interés genera expectativas positivas sobre el costo del crédito, lo que podría dinamizar la inversión y el consumo en el segundo semestre.
El mercado financiero descuenta que Banxico podría recortar su tasa objetivo al menos una vez antes de que concluya el año, desde el nivel actual de 9.0 por ciento. Si la inflación continúa su tendencia a la baja y las expectativas se mantienen ancladas, el banco central tendría espacio para relajar su postura monetaria sin poner en riesgo la estabilidad de precios.
Existen riesgos que podrían revertir la tendencia. Las tensiones comerciales con Estados Unidos y posibles nuevos aranceles podrían presionar los precios de bienes importados e insumos industriales. Los fenómenos climáticos extremos también podrían elevar los precios de los alimentos en los próximos meses.
El comportamiento del tipo de cambio es otro factor a vigilar. El peso mexicano ha mostrado volatilidad en el contexto de la revisión del T-MEC, y una depreciación significativa trasladaría presión de costos a los productores que dependen de insumos importados.
El consenso de los analistas señala que la inflación tiene espacio para continuar descendiendo en el segundo semestre de 2026. Las proyecciones de BBVA Research estiman que la inflación general cerrará el año en torno a 3.9 por ciento, mientras que la subyacente lo hará en 3.8 por ciento.
La caída de la inflación a 3.37 por ciento en junio de 2026 representa el resultado de una política monetaria disciplinada y una mayor estabilidad en los mercados internacionales. Para que esta tendencia se consolide, será fundamental que las negociaciones comerciales con Estados Unidos eviten nuevas disrupciones arancelarias y que el gobierno mantenga el equilibrio fiscal que le ha dado credibilidad ante los mercados internacionales.