Los últimos reportes de BBVA Research y otros análisis sectoriales dibujan un panorama de crecimiento moderado para México en 2026 y 2027, con inflación en descenso, empleo formal en recuperación y un tipo de cambio estable. Más allá de las cifras, la pregunta clave para los líderes empresariales es cómo posicionarse estratégicamente en este entorno.

Un 2025 débil como punto de partida

La economía mexicana creció apenas 0.6% en 2025, resultado de una caída de 1.3% en actividades secundarias, compensada parcialmente por el avance del sector primario (4.2%) y de los servicios (1.5%). Este comportamiento desigual dejó un punto de partida complejo: el consumo se sostuvo gracias al empleo formal y a las remesas, mientras la inversión privada se vio frenada por la incertidumbre.

Pese a ello, México conserva fundamentos macroeconómicos que los analistas consideran sólidos: disciplina fiscal relativa, un banco central independiente y un sistema financiero bien capitalizado.

Crecimiento esperado: entre 1.2% y 2.0%

BBVA Research revisó a la baja su pronóstico de crecimiento para 2026, de 1.8% a 1.2%, luego de que la actividad económica se contrajera en el primer trimestre del año por una menor dinámica del consumo privado y una contracción de la inversión. Para 2027, distintos ejercicios apuntan a una recuperación gradual hacia tasas cercanas a 2.0%, siempre que se mantenga la certidumbre en torno al T-MEC.

Esto implica que las empresas no deberían esperar un repunte acelerado de la demanda, sino más bien una recuperación paulatina que exige paciencia y disciplina en la planeación financiera.

Empleo formal: mejora moderada

Tras un 2025 de debilidad en la creación de puestos, el empleo formal muestra signos de recuperación. BBVA Research proyecta un avance de 1.4% en 2026 y de 2.0% en 2027. Para las empresas medianas, este escenario implica que la competencia por talento calificado seguirá siendo intensa, aun en un contexto de crecimiento económico moderado.

La persistencia de la informalidad y las brechas de productividad entre grandes empresas y pymes seguirán limitando el potencial de creación de valor en el mercado laboral.

Inflación y tasas: hacia la normalización

La inflación general cerraría 2026 en 4.1% y la subyacente en 3.9%, con una convergencia esperada hacia 3.5% en 2027. Banxico habría concluido su ciclo de recortes, manteniendo la tasa de referencia en 6.50%, en la zona media del rango neutral estimado.

Para las empresas, esto significa que el costo del financiamiento se mantendrá relativamente estable en el corto plazo, sin las presiones al alza observadas en años anteriores, pero también sin el estímulo de bajadas adicionales significativas.

Tipo de cambio: depreciación gradual

El peso mostraría una depreciación moderada, ubicándose entre 17.8 y 18.0 pesos por dólar al cierre de 2026 y 2027, respectivamente, como resultado del menor crecimiento relativo de México frente a Estados Unidos.

Para las empresas con operaciones en dólares, este escenario sugiere revisar sus coberturas cambiarias sin anticipar un estrés financiero mayor, dado el nivel de reservas internacionales del país.

Nearshoring: la apuesta de mediano plazo

Uno de los principales motores de crecimiento en el horizonte 2026-2027 es la inversión asociada a la relocalización de cadenas productivas, particularmente en manufactura avanzada, electrónica y equipo de cómputo. BBVA Research destaca que este sector ha sido uno de los más dinámicos en las exportaciones recientes.

Los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar representan una apuesta gubernamental para capturar estos flujos de inversión, aunque su éxito dependerá de resolver retos estructurales en infraestructura, energía y seguridad jurídica.

Checklist ejecutivo para 2026-2027

Ante este escenario, los líderes empresariales deberían revisar tres frentes: primero, sus decisiones de inversión, priorizando proyectos con retornos claros en un entorno de crecimiento moderado; segundo, su gestión de talento, anticipando presiones salariales en sectores con alta demanda de personal calificado; y tercero, su gestión de riesgos financieros y cambiarios, ajustándose a un tipo de cambio con depreciación gradual pero sin sobresaltos abruptos.

En conjunto, el panorama 2026-2027 no es de expansión acelerada, sino de consolidación prudente. Las empresas que logren combinar disciplina financiera con visión de largo plazo estarán mejor posicionadas para capturar las oportunidades que ofrecen el nearshoring y la recuperación gradual del consumo interno.

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