La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) alcanzó un hito significativo esta semana, cuando la Secretaría de Economía reportó al Congreso de la Unión que los asuntos pendientes en la mesa bilateral con Washington se redujeron de 54 a tan solo 14. Este avance representó una señal inequívoca de que las negociaciones han ganado impulso conforme se acerca la ronda decisiva programada para el 20 de julio, fecha que se perfila como un momento clave para el comercio en América del Norte.
El proceso de revisión del T-MEC tiene su origen en la quinta reunión de la Comisión de Libre Comercio, celebrada el 1 de julio, que marcó el inicio formal de la etapa de análisis prevista en el propio tratado. El acuerdo, que entró en vigor en 2020 y establece revisiones periódicas hasta 2036, contempla la posibilidad de introducir modificaciones al marco normativo sin necesidad de renegociar el tratado en su totalidad, lo que le da flexibilidad para adaptarse a los cambios en la dinámica económica regional.
La reducción de 54 a 14 asuntos pendientes en un período relativamente corto refleja la disposición de ambas partes para llegar a acuerdos en temas que anteriormente habían sido motivo de roce. Analistas del comercio exterior coinciden en que el avance fue posible gracias a un cambio en la actitud negociadora de Estados Unidos, que ha priorizado la resolución de disputas comerciales con socios estratégicos como México en lugar de mantener posturas confrontativas.
Los 14 temas que permanecen en discusión son considerados los más complejos y sensibles del proceso. Entre ellos se encuentran asuntos relacionados con la industria automotriz, el sector agrícola, las reglas de origen en determinadas cadenas de valor y algunos mecanismos de resolución de controversias que han generado diferendos en el pasado. La capacidad de las delegaciones para resolver estos puntos antes del 20 de julio determinará el éxito o fracaso de esta ronda de revisión.
Para el sector empresarial mexicano, la trayectoria de las negociaciones ha generado cauteloso optimismo. La certeza jurídica que proporciona el T-MEC es uno de los factores más valorados por los inversionistas extranjeros que evalúan a México como destino para sus cadenas de suministro. La estrategia de nearshoring, que ha impulsado la llegada de inversiones industriales en los últimos años, depende en buena medida de la estabilidad del marco comercial trilateral.
Desde la perspectiva de Canadá, el tercer integrante del tratado, el proceso ha transcurrido en un tono de menor visibilidad pública, pero Ottawa ha seguido de cerca los avances bilaterales entre México y Estados Unidos. Canadá tiene sus propios intereses en la revisión, particularmente en lo relacionado con la industria lechera, los recursos naturales y el acceso al mercado para sus exportaciones agropecuarias.
El resultado de la ronda del 20 de julio tendrá implicaciones que van más allá de los aspectos comerciales estrictamente. Un acuerdo exitoso mandaría una señal positiva sobre la solidez de la relación trilateral en un momento en que el mundo observa con atención la capacidad de los bloques regionales para mantener la cohesión frente a las presiones del entorno geopoíltico global. Para México, en particular, demostrar que es un socio confiable y propositivo en el marco del T-MEC es parte fundamental de su estrategia para atraer inversión y sostener el crecimiento económico.