El peso mexicano registra en julio de 2026 una de sus rachas más sostenidas de apreciación frente al dólar estadounidense, con cotizaciones que se mantienen por debajo de los $17.40 pesos por billete verde. Pero más allá del dato, la pregunta que se hacen empresarios, tesoreros e inversionistas es: ¿cuáles son los factores que explican esta tendencia y qué tan sostenible es?
El primer factor es el diferencial de tasas de interés. Aunque Banxico ha reducido su tasa de referencia en los últimos meses, el diferencial con la tasa de la Reserva Federal de Estados Unidos sigue siendo positivo para México, lo que hace atractivo al peso como divisa de carry trade para inversionistas internacionales. Esta dinámica genera demanda neta de pesos en los mercados financieros.
El segundo factor son las remesas. Los flujos de dinero enviados por migrantes mexicanos en Estados Unidos han alcanzado niveles históricos en 2026, superando los 65,000 millones de dólares anuales. Cada dólar que entra al país vía remesas se convierte en pesos, generando presión compradora sobre la divisa nacional.
El tercer elemento es la estabilidad relativa del entorno geopolitico. A pesar de las tensiones comerciales con Estados Unidos en el marco del T-MEC, los mercados han valorado positivamente el hecho de que el acuerdo continúa vigente hasta 2036, lo que ofrece un horizonte mínimo de certeza para los flujos comerciales y de inversión.
Para las empresas mexicanas, la apreciación del peso tiene efectos ambivalentes: por un lado, abarata las importaciones de insumos y bienes de capital, reduciéndo costos de producción; por otro, puede presionar la competitividad exportadora si la tendencia se prolonga más allá de lo que el mercado anticipa. El tipo de cambio FIX de Banxico se ubicó en 17.4278 para el 15 de julio, una referencia clave para contratos y operaciones en dólares.