Camión de carga en una autopista de cuota mexicana junto a una caseta de peajeLa seguridad, el estado de las carreteras y el costo de las casetas forman parte de las demandas del autotransporte.

El paro de transportistas del 26 de octubre de 2026 puso bajo la lupa una ecuación que afecta mucho más que a las empresas de carga: sólo 32% de las carreteras de cuota y 19% de las libres se encontraría en condiciones óptimas, según cifras citadas por la industria, mientras que la mitad de los robos al autotransporte ocurre cuando las unidades están detenidas. En ese escenario, cada viaje combina el pago por circular con el riesgo de hacerlo.

La movilización no fue homogénea. La Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y Turismo, la Confederación Nacional de Transportistas Mexicanos y la Asociación Nacional de Transporte Privado rechazaron los bloqueos y acordaron mantener mesas de trabajo con el Gobierno de México. Al mismo tiempo, organizaciones vinculadas principalmente con el autotransporte de carga mantuvieron la presión para exigir seguridad carretera, infraestructura, mejores condiciones de operación y cambios al estímulo fiscal aplicable a las casetas.

La pregunta de fondo no es sólo si habrá nuevas protestas. Es qué tan caro y vulnerable puede volverse el traslado de mercancías si las carreteras siguen acumulando fallas y si una parte de las empresas pierde capacidad para acreditar sus peajes contra el Impuesto Sobre la Renta.

Una carretera deficiente convierte la seguridad en un costo operativo

El problema funciona como una cadena. Cuando una vía está deteriorada, una unidad de carga puede reducir su velocidad, extender el tiempo de recorrido o desviarse hacia una ruta alternativa. Cada hora adicional implica más combustible, mayor desgaste mecánico, presión sobre los tiempos de entrega y más exposición del operador y la mercancía.

La seguridad agrava esa cuenta. La información difundida durante la jornada de protesta señala que México necesita más de 2,000 paradores seguros, mientras que existen alrededor de 1,400 espacios identificados, sin certeza de que todos cumplan condiciones suficientes. La falta de sitios confiables para detenerse obliga a modificar horarios, contratar vigilancia, usar sistemas de rastreo y limitar las pausas en puntos de riesgo.

Ese mecanismo ayuda a entender por qué el costo de una carretera no se reduce a la tarifa de la caseta. El peaje es visible en la factura; el riesgo se reparte entre seguros, monitoreo, pérdidas por robo, reposición de vehículos, retrasos y posibles penalizaciones contractuales. Si una unidad debe detenerse en un lugar inseguro o circula por una ruta en malas condiciones, el gasto final aumenta aunque la tarifa oficial no cambie.

El peaje importa porque el beneficio fiscal no es universal

El estímulo vigente permite a contribuyentes dedicados exclusivamente al transporte terrestre público o privado de carga, pasaje o turismo acreditar hasta 50% de los gastos por el uso de la Red Nacional de Autopistas de Cuota, siempre que cumplan los requisitos fiscales y de ingresos establecidos. La Ley de Ingresos de la Federación para 2026 fijó como referencia ingresos totales anuales menores a 300 millones de pesos.

La iniciativa de ingresos para 2027 plantea reducir ese umbral a 250 millones de pesos. La diferencia es de 50 millones: una empresa que supere la nueva frontera podría quedar fuera del acreditamiento, aunque continúe utilizando las mismas carreteras y pagando los mismos peajes. No se trata, por tanto, de que el beneficio desaparezca para todo el sector, sino de que se estrecharía el universo de contribuyentes elegibles.

La exclusión potencial alcanzaría sobre todo a empresas con facturación anual igual o superior a 250 millones de pesos que hoy estén por debajo de 300 millones y cumplan las demás condiciones. También debe recordarse que el estímulo no opera como un reembolso directo de efectivo: se acredita contra el ISR causado en el mismo ejercicio y depende de las reglas del Servicio de Administración Tributaria. Una empresa con poco impuesto causado no necesariamente recupera la totalidad del monto que pagó en casetas.

Hay otra limitación relevante: la disposición vigente excluye a las personas morales consideradas partes relacionadas conforme a la Ley del ISR. Además, la actividad debe cumplir con el criterio de dedicarse exclusivamente al transporte en los términos previstos por la norma. Por eso, el efecto real de la propuesta dependerá tanto del nivel de ingresos como de la estructura corporativa, el tipo de servicio y la capacidad de generar ISR acreditable.

La seguridad y las casetas están conectadas

La demanda de reducir o revisar el costo de las casetas no aparece aislada de la crisis de seguridad. Para los transportistas, pagar una vía de cuota tiene sentido si ofrece mejores tiempos, mantenimiento, asistencia y condiciones de protección. Cuando una autopista cobra una tarifa elevada pero presenta tramos deteriorados, congestionamientos o pocos puntos seguros para descansar, el sector percibe que el precio no corresponde al servicio recibido.

La conexión también afecta a quienes no participan en el transporte. Cerca de 80% de las mercancías movilizadas por tierra utiliza el autotransporte de carga, de acuerdo con datos citados por Expansión. Por ello, un aumento sostenido en los costos de operación puede reflejarse en fletes más altos, menores márgenes para proveedores, decisiones de inventario más conservadoras y posibles presiones sobre el precio final de bienes que recorren largas distancias.

Un bloqueo prolongado produciría un efecto inmediato por la interrupción de rutas, pero incluso sin bloqueos persiste el costo estructural: más vigilancia, más tiempo en tránsito y mayor incertidumbre. La diferencia es importante para el debate público. Resolver sólo la protesta puede evitar una disrupción puntual; resolver la seguridad y la infraestructura exige modificar las condiciones que vuelven recurrente el conflicto.

El paro no representa a todo el autotransporte

El comunicado del Gabinete de Seguridad señala que CANAPAT, CONATRAM y ANTP rechazaron los bloqueos y aceptaron continuar el diálogo con autoridades de Hacienda, Infraestructura, Seguridad, Trabajo y la Guardia Nacional. La postura contrasta con la convocatoria de organizaciones como CANACAR, Fematrac, Indeco y AMOTAC, que reclamaron respuestas más contundentes para el autotransporte de carga.

Esta diferencia no es menor. El transporte de pasajeros, el transporte privado de mercancías, las grandes flotas y los pequeños propietarios enfrentan exposiciones distintas. No todos pagan el mismo monto de peajes, tienen la misma capacidad para contratar seguridad ni quedan afectados de la misma manera por el umbral de ingresos. Presentar al sector como un bloque único ocultaría justamente a las empresas que podrían resentir más el ajuste fiscal: las que están cerca de la nueva frontera de 250 millones de pesos.

La agenda acordada por el Gobierno y las organizaciones deberá mostrar si el diálogo produce medidas verificables o sólo posterga el siguiente episodio de presión. Los temas ya están delimitados: seguridad en rutas, paradores, infraestructura, transporte irregular, abusos de autoridad, tarifas de peaje y estímulos fiscales.

Qué indicadores definirán el siguiente capítulo

En las próximas semanas convendrá observar cuatro señales. La primera será el texto final de la Ley de Ingresos de la Federación para 2027 y si conserva, modifica o elimina la reducción del umbral de 300 a 250 millones de pesos. La segunda será la publicación de reglas del SAT que aclaren cómo se calculará el estímulo y qué contribuyentes podrán usarlo.

La tercera será el avance medible en paradores seguros y en la atención de los tramos con mayor incidencia delictiva. La cuarta será el comportamiento de los bloqueos, los tiempos de tránsito y las tarifas efectivamente pagadas por las empresas. Si el costo de la seguridad sigue creciendo mientras disminuye el acceso al acreditamiento fiscal, el conflicto dejará de ser una disputa sectorial y se convertirá en una presión más visible sobre el abastecimiento y los precios.

El paro del 26 de octubre mostró una alerta, no una solución. La prueba para el Gobierno será convertir el diálogo en resultados comprobables; para el sector, demostrar qué medidas pueden reducir los riesgos sin trasladar toda la cuenta a usuarios y consumidores. El indicador decisivo será si mover una mercancía por carretera vuelve a ser una operación previsible o continúa dependiendo de pagar más para enfrentar mayores incertidumbres.

Fuentes consultadas

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