El dato de septiembre de 2026 tiene dos lecturas que avanzan en sentidos opuestos: México recibió 5 mil 362 millones de dólares en remesas, 1.6% más que un año antes, pero el poder adquisitivo de esos recursos disminuyó 8.4% anual una vez convertidos a pesos y descontado el efecto de la inflación. El flujo nominal se recuperó después de la caída de agosto; la capacidad de compra de los hogares, en cambio, siguió deteriorándose.
La diferencia no es un detalle estadístico. Significa que el aumento observado en dólares no necesariamente se tradujo en más alimentos, renta, medicinas, transporte o colegiaturas para las familias receptoras. El reporte de Banco de México muestra el tamaño del flujo; un análisis citado por AMEXI permite observar lo que ocurre después, cuando esos dólares entran en la economía mexicana. ([banxico.org.mx](https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/remesas/%7B29952C3D-1F6B-1CF3-9AD6-0DC1B3912796%7D.pdf))
El rebote se explica por envíos más grandes, no por más operaciones
La cifra mensual no creció porque hubiera más transferencias. En septiembre se registraron 12.6 millones de operaciones, una disminución anual de 6.3%. La compensación llegó por otra vía: la remesa promedio subió a 426 dólares, 8.4% más que en septiembre de 2025. En términos simples, hubo menos envíos, pero cada uno llevó más dinero.
Este mecanismo cambia la interpretación del resultado. Un crecimiento del monto total puede coexistir con una menor frecuencia de apoyo para parte de los hogares, con decisiones de los remitentes para concentrar recursos en menos envíos o con una mayor necesidad de enviar cantidades superiores en cada operación. Las cifras disponibles no permiten atribuir por sí solas el descenso de operaciones a una única causa, pero sí muestran que el avance de septiembre fue más intensivo en monto que en número de transacciones.
Entre enero y septiembre, México acumuló 47 mil 164 millones de dólares, 2.1% más que en el mismo periodo de 2025. El flujo de los últimos 12 meses, de octubre de 2025 a septiembre de 2026, llegó a 63 mil 452 millones de dólares. Por eso, el dato acumulado sigue describiendo una fuente externa de ingresos de gran escala, aunque el indicador mensual de operaciones apunta a una base menos amplia de envíos.
La conversión a pesos cambia el resultado para las familias
Las remesas llegan denominadas en dólares, pero la mayoría de los gastos de los hogares mexicanos se pagan en pesos. El efecto económico final depende de dos pasos: el tipo de cambio al momento de convertir el dinero y el precio de los bienes y servicios que la familia necesita comprar.
De acuerdo con el análisis de Grupo Financiero BASE citado por AMEXI, en septiembre el peso registró una apreciación anual de 6.7%. Esa fortaleza redujo el número de pesos obtenidos por cada dólar enviado. Al medir las remesas en moneda nacional, el descenso anual fue de 5.2%; al descontar además la inflación, la pérdida de poder adquisitivo llegó a 8.4%. El indicador acumuló así 16 meses consecutivos de caídas.
El resultado puede entenderse con una operación sencilla: si una familia recibe la misma cantidad de dólares, pero cada dólar se cambia por menos pesos, su ingreso disponible en moneda nacional disminuye. Si al mismo tiempo suben los precios, esos pesos compran todavía menos. Por eso el crecimiento de 1.6% en dólares no contradice la caída real: ambos datos miden capas distintas del mismo flujo.
Para los hogares, la referencia útil no es únicamente cuánto dinero llegó desde Estados Unidos, sino cuánto representa después de la conversión y qué proporción se destina a gastos que han aumentado de precio. Una familia que usa las remesas para consumo básico puede sentir antes el deterioro que otra que las ahorra, las invierte o las recibe en una cuenta con instrumentos financieros.
Casi todo llega por vía electrónica, pero no todo termina en una cuenta
La estructura del flujo también importa. En los primeros nueve meses de 2026, 99.2% de las remesas ingresó mediante transferencias electrónicas, por un total de 46 mil 773 millones de dólares. El efectivo y la especie representaron 0.6%, mientras que las money orders aportaron 0.2%, según el reporte del Banco de México.
Sin embargo, transferencia electrónica no significa necesariamente depósito bancario. Dentro de los envíos electrónicos, 53.6% se recibió como depósito a cuenta y 46.4% se cobró en efectivo. La distinción ayuda a entender por qué el avance de los medios digitales no equivale automáticamente a una mayor bancarización de las familias. Una persona puede recibir el dinero a través de una plataforma electrónica y retirarlo en efectivo para cubrir gastos inmediatos.
Este comportamiento tiene implicaciones prácticas. El depósito a cuenta puede facilitar el ahorro, el pago de servicios, la trazabilidad y el acceso a productos financieros; el cobro en efectivo puede ser más funcional para hogares sin cuenta bancaria o con necesidades urgentes, pero deja menos margen para construir un historial financiero. Las cifras nacionales no permiten saber cómo se distribuye esa diferencia por estado o municipio, aunque Banco de México publica información más desagregada con periodicidad trimestral.
El riesgo externo está en las reglas, no todavía en el flujo observado
Las remesas también dependen del entorno en Estados Unidos. BBVA Research señaló, según La Jornada, que las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 podían influir en decisiones sobre el impuesto a las remesas enviadas en efectivo, los recursos para control migratorio y el acceso de personas migrantes indocumentadas al sistema financiero. La nueva composición del Congreso puede incidir en el presupuesto y en la continuidad o modificación de algunas medidas, pero sus efectos sobre los envíos futuros no están confirmados.
El mismo reporte indicó que el impuesto de 1% a las remesas enviadas en efectivo, vigente desde el 1 de enero de 2026, no parecía haber reducido de forma directa el flujo hacia México y América Latina hasta el momento analizado, aunque sí representaba un costo adicional para quienes trabajan en Estados Unidos. Esa diferencia entre el costo individual y el efecto agregado es importante: una medida puede encarecer ciertas operaciones sin provocar todavía una caída visible en el total nacional.
Para México, los riesgos a observar son más concretos que una predicción electoral. Cambios en el acceso bancario, mayores costos de transferencia, restricciones para trabajadores sin estatus migratorio regular o modificaciones fiscales podrían alterar la frecuencia, el canal y el monto de los envíos. No debe darse por hecho que cualquiera de esas medidas producirá una caída inmediata; su impacto dependerá de su diseño, aplicación y sustitución por otros mecanismos de envío.
Qué indicadores conviene seguir después de septiembre
La lectura de las remesas será más precisa si se observan varios datos al mismo tiempo:
- Monto total en dólares: muestra el tamaño nominal del flujo, pero no su capacidad de compra en México.
- Número de operaciones: permite saber si el crecimiento alcanza a una base más amplia de envíos o si depende de transferencias menos frecuentes y más grandes.
- Remesa promedio: ayuda a identificar cuánto debe aumentar cada envío para compensar una eventual reducción en las operaciones.
- Tipo de cambio real e inflación: determinan cuántos pesos obtiene la familia y qué puede comprar con ellos.
- Depósitos a cuenta frente a cobros en efectivo: muestran si el flujo se integra más al sistema financiero o sigue destinado principalmente al gasto inmediato.
- Reglas estadounidenses sobre transferencias y banca: permiten distinguir entre un cambio regulatorio anunciado, su entrada en vigor y sus efectos comprobables.
Grupo Financiero BASE estimó que la pérdida de poder adquisitivo podía moderarse hacia el cierre de 2026 si el tipo de cambio dejaba de favorecer tanto al peso, e incluso proyectó variaciones positivas para diciembre. Se trata de una previsión, no de un resultado confirmado. El próximo dato deberá mostrar si esa posible mejora proviene de una recuperación cambiaria sostenible, de una menor inflación o únicamente de una comparación anual menos exigente.
La conclusión para México es menos espectacular que decir que las remesas volvieron a crecer, pero más útil: en septiembre hubo más dólares agregados, menos operaciones y un menor valor real para los hogares. Mientras el flujo siga representando una entrada relevante de divisas, la pregunta central no será sólo cuánto dinero llega, sino a cuántas familias alcanza, por qué canal entra y qué puede comprar cuando se convierte en pesos.
Fuentes consultadas
- Banco de México: Ingresos y Egresos por Remesas, septiembre de 2026.
- Banco de México: Sistema de Información Económica, serie CE81.
- AMEXI: Remesas retoman crecimiento, pero su poder adquisitivo liga 16 meses de caídas.
- La Jornada: Elecciones intermedias en EU, claves en el futuro de las remesas: BBVA.
