Pequeño comercio mexicano acepta pagos con tarjeta y código QRLa expansión de los pagos digitales incluye tarjetas, transferencias y códigos QR, pero no todos los comercios enfrentan los mismos costos de adopción.

Entre enero y agosto de 2026, consumidores y empresas realizaron 9 mil 279 millones de operaciones con tarjetas de crédito y débito en México, un aumento de 19.4% frente al mismo periodo de 2025, de acuerdo con datos del Banco de México citados por La Jornada. El crecimiento ocurre mientras la Cámara de Diputados aprobó una Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos que busca ampliar el uso de medios electrónicos y limitar gradualmente el efectivo en actividades como el pago de combustibles y peajes, según el mismo reporte.

La cifra no sólo habla de más compras con plástico. También muestra que los pagos digitales en México están pasando de ser una opción asociada con supermercados, bancos o comercio electrónico a convertirse en una infraestructura cotidiana para pagar gasolina, alimentos, medicinas, transporte y compras en negocios que utilizan terminales de terceros.

El débito explica la mayor parte del avance

La composición de las operaciones ayuda a entender quién está impulsando la expansión. De los 9 mil 279 millones de transacciones registradas en los primeros ocho meses de 2026, 6 mil 600 millones correspondieron a tarjetas de débito y 2 mil 679 millones a tarjetas de crédito. En términos simples, alrededor de siete de cada 10 pagos con tarjeta se hicieron con débito.

La diferencia importa porque el débito se vincula directamente con los recursos disponibles en una cuenta bancaria. Su crecimiento puede reflejar una mayor bancarización, el uso más frecuente de cuentas donde se depositan salarios o apoyos y una preferencia por pagar sin contratar deuda. El crédito, en cambio, añade financiamiento, promociones a meses y la posibilidad de diferir compras, pero también implica riesgos de sobreendeudamiento si el consumidor no cubre el saldo total.

La serie de enero a agosto muestra una trayectoria ascendente: 5 mil 242 millones de operaciones en 2023, 6 mil 373 millones en 2024, 7 mil 774 millones en 2025 y 9 mil 279 millones en 2026. En tres años, el volumen aumentó en poco más de 4 mil millones de transacciones. El dato sugiere que la digitalización del consumo no depende exclusivamente de una nueva ley: ya ocurre en la práctica y se ha acelerado.

Dónde se concentra el uso de las tarjetas

Las operaciones se concentran en ventas al detalle, supermercados y tiendas departamentales, además de los agregadores de pagos, es decir, empresas que permiten cobrar mediante terminales o enlaces digitales, como Mercado Pago o Clip. También aparecen con fuerza las misceláneas, gasolineras, el transporte terrestre de pasajeros, las cadenas de comida rápida y las farmacias.

Entre enero y agosto se contabilizaron 586 millones de operaciones con tarjeta en gasolineras y 59 millones en casetas de peaje. En conjunto, son 646 millones de transacciones, equivalentes a cerca de 7% del total de operaciones con tarjeta del periodo. Esa proporción es relevante para el debate legislativo porque son servicios de uso frecuente, con pagos relativamente estandarizados y una fuerte presencia de terminales.

Sin embargo, que un sector tenga infraestructura para aceptar tarjetas no significa que todos los usuarios puedan pagar digitalmente. Persisten diferencias entre zonas urbanas y rurales, problemas de conectividad, teléfonos sin datos suficientes, cuentas bancarias inactivas y consumidores que prefieren el efectivo por control del gasto o por desconfianza.

Tarjeta, SPEI, CoDi y DiMo: no son lo mismo

La expansión de los pagos digitales suele presentarse como si todos los medios funcionaran igual. No es así.

  • Tarjeta de débito: carga el dinero directamente a una cuenta bancaria. Es útil para compras presenciales y en línea, pero normalmente requiere una terminal física o una pasarela de pagos.
  • Tarjeta de crédito: permite pagar con una línea de financiamiento otorgada por una institución. Puede ofrecer promociones, aunque genera intereses si no se liquida el saldo conforme al contrato.
  • SPEI: permite enviar dinero desde una aplicación o portal bancario a otra cuenta mediante la CLABE, el número de tarjeta o, en algunos casos, el teléfono celular. Banco de México lo describe como una transferencia electrónica entre cuentas de distintas instituciones.
  • CoDi: es una plataforma de Banco de México que genera un mensaje de cobro, normalmente mediante un código QR o una notificación. El comprador acepta la operación y el dinero se transfiere de forma electrónica; el sistema envía confirmación al pagador y al cobrador.
  • DiMo: permite instruir una transferencia usando el número de celular asociado a la cuenta del beneficiario, sin tener que capturar la CLABE. El servicio depende de que el teléfono esté vinculado correctamente con una cuenta participante.

Para el consumidor, la diferencia principal está en la experiencia de pago. La tarjeta funciona bien cuando el comercio tiene terminal; CoDi puede reducir la necesidad de una terminal física; DiMo simplifica el envío entre personas o negocios; y SPEI es una infraestructura amplia para transferencias, pagos de servicios y operaciones entre cuentas.

El costo de digitalizar un pequeño negocio

El reto más delicado está en los comercios pequeños. Aceptar tarjetas puede significar contratar una terminal, mantener una conexión a internet o a una red móvil, capacitar al personal, conciliar depósitos y asumir comisiones por cada venta. En algunos casos también hay costos de instalación, renta, mantenimiento o facturación mínima, dependiendo del proveedor.

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros advierte que el comercio es quien paga la comisión por utilizar una terminal punto de venta. También señala que trasladar ese costo al cliente puede contravenir los contratos firmados con las instituciones financieras, aunque en la práctica algunos establecimientos cobran recargos de entre 3% y 5% por pagar con tarjeta.

Para una tienda con márgenes reducidos, esa comisión puede ser significativa. Pero rechazar pagos digitales también tiene un costo: puede perder ventas, quedar fuera de plataformas de comercio o dificultar el registro de ingresos. La solución no consiste únicamente en obligar a aceptar tarjetas, sino en ampliar la competencia entre adquirentes, transparentar las comisiones y ofrecer medios de cobro de bajo costo.

En ese punto, CoDi y DiMo pueden complementar —no sustituir automáticamente— a las tarjetas. Un negocio puede preferir un QR o una transferencia para operaciones pequeñas, mientras conserva la terminal para clientes que desean pagar con crédito o necesitan meses sin intereses. La elección dependerá del monto de la venta, la velocidad de confirmación, la facilidad para comprobar el pago y el acceso del comercio a una cuenta bancaria.

Qué cambia para la ciudadanía

Una economía con menos efectivo puede facilitar la trazabilidad de los pagos, reducir riesgos asociados con el manejo de dinero físico y agilizar compras. También puede ayudar a que ciertos negocios construyan historiales de ingresos y accedan a servicios financieros.

Pero la transición tiene riesgos si se convierte en una obligación sin salvaguardas. Una falla de internet, una terminal fuera de servicio o una cuenta bloqueada puede impedir una compra básica. Las personas mayores, quienes no tienen teléfono inteligente y quienes viven en zonas con conectividad limitada necesitan alternativas funcionales, no sólo aplicaciones.

Por eso, la discusión legislativa debe avanzar junto con reglas claras sobre continuidad del servicio, protección contra fraudes, atención a reclamaciones y privacidad de los datos. El crecimiento de las tarjetas confirma que México ya está cambiando su forma de pagar; la siguiente etapa será garantizar que ese cambio no deje fuera a quienes tienen menos conectividad o a los negocios que operan con márgenes más estrechos.

En breve

  • Entre enero y agosto de 2026 se registraron 9 mil 279 millones de operaciones con tarjetas, 19.4% más que un año antes.
  • El débito concentró 6 mil 600 millones de transacciones, frente a 2 mil 679 millones del crédito.
  • La digitalización abre oportunidades, pero exige reducir comisiones, mejorar la conectividad y mantener alternativas para consumidores y comercios.

Fuentes consultadas

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