El dato de inflación de junio de 2026 en México superó las expectativas de los analistas al ubicarse en 3.37% anual, según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este resultado, que constituye el nivel más bajo desde diciembre de 2020, consolida una trayectoria de desinflación que los mercados financieros y el sector empresarial recibieron con evidente optimismo.
El descenso fue impulsado principalmente por los precios del sector agropecuario, que registraron caídas pronunciadas en frutas y verduras de hasta 8.99% en términos mensuales. Este comportamiento, vinculado a factores estacionales y a condiciones climáticas favorables en las principales regiones productoras del país, generó el mayor retroceso mensual del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) para un mes de junio desde que existen registros estadísticos disponibles. El nivel del INPC se ubicó en 145.131, con una disminución de 0.27% respecto al mes anterior.
La inflación subyacente, que los analistas siguen con particular atención por ser un mejor indicador de las presiones de precios estructurales en la economía, también mostró una evolución favorable al ubicarse en 4.03% anual. Esta cifra representa la quinta reducción consecutiva de este indicador y lo coloca en su nivel más bajo desde abril de 2025. Al interior del índice subyacente, las mercancías subieron 0.18% mensual y los servicios 0.30%, magnitudes consistentes con un proceso de desinflación ordenado.
La convergencia de la inflación general hacia el objetivo del 3% del Banco de México refuerza el escenario de continuación del ciclo de recortes de tasa. Desde que inició el proceso de relajamiento monetario, el Banxico ha reducido gradualmente su tasa de interés objetivo, y el mercado anticipa que el resultado de junio dará argumentos adicionales para un nuevo recorte en las próximas reuniones de la Junta de Gobierno. Una tasa de referencia más baja tendrá efectos sobre el costo del crédito al consumo e hipotecario, lo que puede estimular la demanda interna en la segunda mitad del año.
Las casas de análisis y los organismos financieros reaccionaron rápidamente al dato con revisiones a la baja en sus estimaciones de cierre de año. El Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF) ajustó su pronóstico a 4.2% desde 4.3%, mientras que Valmex mantiene su proyección en un rango de 4.0% a 4.15%. Banamex conservó su estimación de 4.3% tanto para la inflación general como para la subyacente. El consenso del mercado converge hacia un cierre de año por debajo del 4.5%, lo que representaría el mejor resultado de los últimos años.
El impacto positivo en las familias mexicanas se manifiesta de manera más concreta en la recuperación del poder adquisitivo real. En un año en que los incrementos salariales nominales han superado la inflación, la moderación de precios profundiza la mejora en el ingreso disponible de los trabajadores. Este dinamismo del consumo privado se ha convertido en uno de los principales sostenes del crecimiento económico interno, compensando en parte la desaceleración de las exportaciones y la cautela en la inversión pública.
Los riesgos al escenario favorable tampoco pueden ignorarse. Una recuperación más rápida de lo esperado en la demanda interna, combinada con eventuales choques de oferta en el sector energético o presiones cambiarias derivadas del entorno internacional, podría interrumpir la trayectoria descendente de la inflación. El Banco de México ha sido explícito en que sus decisiones de política monetaria dependerán de los datos y que mantendrá una postura vigilante para garantizar la convergencia sostenida de la inflación hacia su meta de largo plazo.