El gobierno de Aguascalientes presentó el Mercado Voluntario de Carbono del estado durante el Mexico Carbon Forum 2026, celebrado el 2 y 3 de septiembre en el complejo Tres Centurias, en la capital estatal. La propuesta fue expuesta por la Secretaría de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua como parte de una agenda que también incluye el Programa Estatal de Acción ante el Cambio Climático, la Comisión Intergubernamental de Cambio Climático, el Reglamento de la Ley de Cambio Climático y el Programa Sello Bajo Carbono.
El encuentro reunió a cerca de 3 mil 500 representantes de gobiernos, empresas, organismos internacionales, universidades y especialistas. El anuncio importa porque coloca a Aguascalientes como uno de los gobiernos estatales que buscan utilizar instrumentos financieros para acelerar proyectos de reducción o captura de gases de efecto invernadero, en un momento en que las empresas enfrentan mayores exigencias ambientales de compradores, inversionistas y cadenas globales de suministro.
En breve
- Aguascalientes presentó un mercado voluntario de carbono durante el Mexico Carbon Forum 2026, pero no publicó en los materiales revisados un reglamento operativo completo, una meta cuantificada o un calendario de emisión de créditos.
- El mecanismo voluntario no es equivalente al Sistema de Comercio de Emisiones federal: el primero depende de la participación voluntaria y de estándares de certificación; el segundo regula obligaciones para instalaciones cubiertas por la política climática federal.
- La credibilidad del mercado dependerá de la medición de las reducciones, la verificación independiente, la prevención de la doble contabilidad y la protección de comunidades y propietarios de los proyectos.
¿Cómo funcionaría un mercado voluntario estatal?
En términos generales, un mercado voluntario de carbono permite que una empresa, institución o persona compre créditos asociados con un proyecto que afirma reducir, evitar o retirar una tonelada de dióxido de carbono equivalente. Los recursos pueden destinarse, por ejemplo, a eficiencia energética, energías renovables, manejo de residuos, captura de metano, restauración forestal o prácticas agropecuarias con menor intensidad de emisiones.
La lógica económica es sencilla, aunque su aplicación técnica no lo es: un desarrollador financia una acción climática, calcula las emisiones que habría producido el escenario habitual, mide el resultado del proyecto y solicita la emisión de créditos. Después, un comprador puede adquirirlos y retirarlos de circulación para respaldar una declaración climática o una estrategia de reducción de su huella.
En el caso de Aguascalientes, el gobierno estatal identificó el mercado como una de sus acciones de política climática, pero la información oficial disponible sobre el foro no precisa todavía quién administrará el registro, qué metodologías se aceptarán, qué proyectos podrán participar, cómo se fijarán los precios ni qué entidad resolverá controversias. Tampoco se informó una cifra de créditos proyectados o una meta anual de reducción.
Por eso, el anuncio debe entenderse por ahora como una línea de trabajo y no como la evidencia de que ya existe un mercado plenamente operativo. La diferencia es relevante para empresas y ciudadanía: presentar un programa, abrir un registro, certificar proyectos y concretar transacciones son etapas distintas.
La diferencia frente al sistema federal
El Sistema de Comercio de Emisiones federal funciona bajo una lógica regulada de “tope y comercio”. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales establece un marco para que determinadas instalaciones de los sectores energía e industria, entre otros criterios, reporten sus emisiones y cumplan con obligaciones mediante derechos de emisión y, bajo ciertas condiciones, créditos de compensación. La plataforma federal señala como referencia a las instalaciones con emisiones directas anuales iguales o mayores a 100 mil toneladas de dióxido de carbono provenientes de fuentes fijas.
El mercado voluntario opera de otra manera. No crea por sí mismo una obligación federal para contaminar menos ni sustituye los permisos ambientales, los reportes del Registro Nacional de Emisiones o las obligaciones que correspondan a una empresa. Su participación depende de la decisión de compradores y desarrolladores, y la calidad de los créditos suele depender del estándar utilizado y de la revisión de terceros.
En consecuencia, una empresa de Aguascalientes podría participar en un esquema voluntario para financiar reducciones o mejorar su desempeño ambiental, pero eso no significa automáticamente que pueda usar cualquier crédito para cumplir una obligación regulatoria federal. La compatibilidad entre ambos instrumentos tendría que quedar definida en las reglas aplicables y en la trazabilidad de cada tonelada contabilizada.
La verificación será el punto decisivo
Para que un crédito tenga valor climático y financiero, la reducción debe ser adicional, medible, verificable y durable. La adicionalidad exige demostrar que el proyecto probablemente no habría ocurrido en las mismas condiciones sin los ingresos del crédito. La medición requiere una línea base razonable y datos auditables. La permanencia es especialmente importante en proyectos forestales, porque un incendio, una plaga o un cambio de uso de suelo puede liberar nuevamente el carbono contabilizado.
La experiencia federal ofrece una referencia: el marco del Sistema de Comercio de Emisiones contempla organismos de certificación para verificar y validar reportes de emisiones, reducciones, absorciones o emisiones evitadas. Aguascalientes tendrá que aclarar si utilizará organismos acreditados bajo esquemas reconocidos, si habrá una revisión adicional por parte de la autoridad estatal y cómo publicará los resultados de las auditorías.
También será necesario evitar la doble contabilidad. Una misma reducción no debería venderse como crédito voluntario, utilizarse para cumplir otra obligación o contabilizarse simultáneamente en una meta nacional. El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático ha señalado que la transparencia, las salvaguardas sociales y ambientales y la prevención de la doble contabilidad son elementos centrales para dar integridad al mercado voluntario mexicano.
Empresas y comunidades: oportunidades y riesgos
Para las empresas, un mercado estatal podría facilitar el acceso a proyectos locales, mejorar la información sobre emisiones y ayudar a preparar a proveedores de Aguascalientes para cadenas de suministro con requisitos de descarbonización. También puede generar demanda de especialistas en inventarios, verificación, ingeniería ambiental y financiamiento sostenible.
El gobierno estatal informó además que, durante el foro, entregó 29 Sellos de Bajo Carbono a 20 empresas e instituciones y reportó más de 190 mil toneladas reducidas, evitadas o compensadas en los dos años del programa. Esa cifra corresponde al sello estatal y no debe confundirse automáticamente con créditos negociables del nuevo mercado: para ello tendría que demostrarse que cada tonelada fue calculada con una metodología reconocida, verificada y registrada sin duplicidades.
Para las comunidades, los proyectos de reforestación, conservación o manejo de residuos pueden abrir una fuente de ingresos y financiar servicios ambientales. Pero también existen riesgos: contratos poco claros, distribución desigual de beneficios, restricciones sobre tierras y recursos naturales o proyectos que atribuyan a una comunidad reducciones que no controla plenamente. Cualquier diseño serio debería incluir consentimiento informado cuando corresponda, mecanismos de queja, información pública sobre pagos y reglas para repartir beneficios.
El reto: pasar del anuncio a las reglas
El Mexico Carbon Forum produjo un espacio de diálogo y una presentación política, pero en la información pública revisada no aparecen todavía compromisos verificables con fechas, presupuesto, número de proyectos, toneladas objetivo o un sistema de seguimiento específico para el mercado voluntario estatal.
El siguiente paso será que Aguascalientes publique las reglas técnicas y administrativas: autoridad responsable, registro de proyectos, estándares elegibles, criterios de adicionalidad, procedimiento de validación y verificación, tratamiento de reversas, mecanismos contra la doble contabilidad, transparencia de precios y salvaguardas para comunidades. Sin esos elementos, el mercado puede atraer atención e inversión, pero no necesariamente garantiza reducciones reales.
La propuesta tiene potencial para conectar la política climática con la competitividad industrial del estado. Su éxito, sin embargo, no se medirá por el número de participantes en un foro, sino por la cantidad de emisiones que logre reducir de manera demostrable, la calidad de los créditos y la forma en que los beneficios lleguen a quienes ejecuten los proyectos.
Fuentes consultadas
- Gobierno del Estado de Aguascalientes: inauguración del Mexico Carbon Forum 2026, 2 de septiembre de 2026.
- Gobierno del Estado de Aguascalientes: entrega del Sello de Bajo Carbono, 3 de septiembre de 2026.
- El Universal: “Buscan consolidar agenda ambiental”, 3 de septiembre de 2026.
- Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales: Programa de prueba del Sistema de Comercio de Emisiones.
- Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático: mercado voluntario de carbono, integridad ambiental y salvaguardas sociales.
