Ilustración conceptual de la futura ENES suroriente de la UNAM en Ciudad de MéxicoLa ubicación y el diseño definitivo de la ENES suroriente todavía no han sido presentados públicamente.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Gobierno de Ciudad de México formalizaron el 14 de octubre de 2026 una alianza para crear una nueva Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) en el suroriente de la capital, con capacidad proyectada para 20 mil estudiantes. El acuerdo fue anunciado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, y el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, durante el segundo informe de labores de la mandataria; sin embargo, las autoridades todavía no han precisado el terreno, el presupuesto ni la fecha en que comenzarían las clases. (UNAM)

El esquema anunciado distribuye las responsabilidades entre ambas instituciones: el Gobierno capitalino construirá las instalaciones, mientras que la UNAM asumirá el equipamiento y la operación académica y administrativa. La primera oferta mencionada incluye Medicina, Ciencia de Datos, Nanotecnología y programas vinculados con la ecología y el medio ambiente.

En breve

  • La nueva ENES se proyecta para una capacidad de 20 mil estudiantes en el suroriente de Ciudad de México.
  • El gobierno local construiría el campus y la UNAM se encargaría de equiparlo y operarlo.
  • La ubicación exacta, el calendario de obras, el presupuesto, los cupos iniciales y el mecanismo de admisión aún no han sido publicados.

Una expansión con impacto territorial

La importancia del proyecto no depende únicamente del número anunciado. La creación de la ENES suroriente llevaría una institución de educación superior de gran escala a una zona de la ciudad que, de acuerdo con el comunicado conjunto, enfrenta rezagos de infraestructura universitaria. Para quienes viven en las alcaldías del sur y oriente, una sede cercana podría reducir tiempos y costos de traslado, aunque ese beneficio dependerá de su localización final y de la conectividad con transporte público.

En la práctica, construir un campus no garantiza por sí mismo que todos los lugares se conviertan de inmediato en nuevos ingresos. La capacidad de 20 mil estudiantes parece referirse al tamaño proyectado de la sede y no necesariamente al número de jóvenes que serán admitidos en la primera generación. Para conocer el efecto real sobre la matrícula será necesario saber cuántos programas abrirán inicialmente, cuántos grupos tendrá cada licenciatura y cómo crecerá la oferta por etapas.

La UNAM recibió a 50 mil 817 estudiantes de licenciatura en el ciclo 2026-2027, mediante pase reglamentado, examen de selección y el proceso denominado “Tu Segunda Opción”. Esa cifra ayuda a dimensionar el anuncio: una sede con capacidad para 20 mil alumnos podría convertirse en uno de los proyectos de expansión más relevantes de la Universidad, pero no equivale automáticamente a 20 mil lugares adicionales disponibles desde el primer día. (Gaceta UNAM)

Las carreras anunciadas y las preguntas pendientes

Las áreas mencionadas combinan campos con perfiles distintos. Medicina podría responder a la necesidad de formar personal de salud, pero requiere laboratorios especializados, espacios clínicos, convenios con hospitales y una plantilla académica suficiente. Ciencia de Datos y Nanotecnología, por su parte, demandan infraestructura tecnológica, laboratorios y vínculos con centros de investigación y sectores productivos. Los programas ambientales tendrían una relación más directa con los desafíos territoriales de la zona, aunque todavía no se conoce si se tratará de nuevas licenciaturas o de planes ya existentes adaptados al plantel.

La información disponible no contiene un catálogo definitivo de carreras, planes de estudio, requisitos de ingreso o turnos. Tampoco se ha informado si la nueva ENES tendrá únicamente licenciaturas o si incorporará posgrados, educación continua, servicios de investigación y vinculación comunitaria. Esos elementos serán determinantes para evaluar si la sede funciona como una ampliación efectiva de oportunidades o solamente como una infraestructura universitaria de largo plazo.

La selección de carreras también deberá dialogar con las condiciones laborales de la capital y de la zona metropolitana. No basta con identificar disciplinas de alta demanda nacional: la institución tendrá que explicar qué problemas locales busca atender, qué empleos existen para sus egresados y qué alianzas se establecerán para prácticas profesionales, servicio social e investigación aplicada.

El antecedente de la descentralización universitaria

El rector Leonardo Lomelí presentó el proyecto como un avance en la descentralización de la oferta educativa. La UNAM recordó que el antecedente de mayor escala en el Valle de México se remonta a la apertura de las entonces escuelas nacionales de estudios profesionales entre 1973 y 1976. También mencionó la creación, en 1979, de las entonces escuelas nacionales de Enfermería y de Artes Plásticas en el sur de la capital. (Gaceta UNAM)

Desde entonces, la Universidad ha extendido parte de su presencia fuera de Ciudad Universitaria mediante facultades de estudios superiores y ENES en distintos estados. La experiencia de esas unidades muestra que la apertura académica suele ser gradual: primero se habilitan algunos programas y después se amplía la matrícula conforme se consolidan las instalaciones, la planta docente y los servicios estudiantiles.

Ese antecedente importa porque el plazo entre un anuncio político y la operación de una escuela puede ser prolongado. Antes de abrir una convocatoria, la UNAM debe aprobar la estructura académica correspondiente, definir los planes de estudio, establecer requisitos y contar con condiciones materiales para impartir las carreras. En el caso de Medicina y de las áreas experimentales, el proceso puede ser especialmente exigente por la infraestructura requerida.

Qué debe transparentarse para medir la viabilidad

El siguiente paso será convertir el acuerdo general en un proyecto público verificable. La ciudadanía necesita conocer la ubicación exacta del predio, su situación jurídica, la superficie disponible y los estudios técnicos que determinen si el terreno es adecuado. También será relevante saber si el gobierno local construirá el campus con recursos propios, mediante contratos multianuales o a través de otro esquema presupuestal.

El presupuesto será otro indicador decisivo. El acuerdo establece quién construirá, equipará y operará, pero no informa cuánto costará cada etapa ni cómo se repartirán los gastos de mantenimiento, seguridad, transporte, servicios médicos, bibliotecas y conectividad. Sin esa información, la capacidad de 20 mil estudiantes debe considerarse una meta de planeación, no un compromiso de atención inmediata.

También deberán definirse los mecanismos de admisión. Si las carreras se incorporan a la oferta ordinaria de la UNAM, las y los aspirantes podrían estar sujetos a los procedimientos generales de pase reglamentado o examen de selección; no obstante, la Universidad aún no ha explicado si habrá reglas específicas para la nueva sede, si se reservarán lugares para habitantes de la zona o si se aplicarán criterios diferenciados. Cualquier decisión deberá publicarse con anticipación y bajo reglas claras.

Para las familias del suroriente, el proyecto puede significar una alternativa más cercana para estudiar una licenciatura pública. Pero su impacto dependerá de factores concretos: que el campus sea accesible, que los cupos sean reales, que las carreras respondan a necesidades regionales y que la construcción no quede detenida en la etapa del anuncio. Por ahora, la ENES suroriente representa una apuesta importante de expansión universitaria; su cumplimiento se podrá medir cuando aparezcan el predio, el presupuesto, el calendario y la primera convocatoria.

Fuentes consultadas

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