El proceso de desinflación en México continúa avanzando, aunque a un ritmo que el Banco de México (Banxico) considera todavía desigual entre sus distintos componentes. En junio de 2026, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) reportó una inflación anual de 3.37 por ciento, la cifra más baja desde julio de 2020, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El resultado superó las expectativas del mercado. Analistas encuestados por Bloomberg anticipaban una cifra de 3.5 por ciento, por lo que la desaceleración observada fue mayor a la proyectada. A tasa mensual, el INPC retrocedió 0.27 por ciento, impulsado principalmente por la baja en precios de frutas, verduras y productos pecuarios, categorías que suelen mostrar alta volatilidad estacional.
A pesar de esta buena noticia, el banco central mantiene una postura cautelosa. Durante su decisión de política monetaria de junio, Banxico optó por mantener la tasa de interés de referencia en 6.50 por ciento, argumentando que una pausa prolongada es la respuesta más adecuada mientras se confirma que la desaceleración inflacionaria es sostenible en todos los componentes del índice.
El principal obstáculo para una relajación monetaria más decidida es la inflación subyacente, que excluye alimentos frescos y energéticos y que Banxico monitorea de cerca por ser un mejor indicador de las presiones de fondo en la economía. Esta variable se ubicó en 4.03 por ciento anual durante junio, ligeramente por encima del límite superior del rango objetivo del banco central, que oscila entre 2 y 4 por ciento.
Dentro de la inflación subyacente, el componente de servicios ha generado especial preocupación entre los miembros de la Junta de Gobierno. Este segmento aumentó 4.49 por ciento a tasa anual, con incrementos relevantes en vivienda, restaurantes, fondas y loncherías. De acuerdo con las minutas de la reunión de junio, un integrante del consejo advirtió que, de no observarse una desaceleración más clara en este rubro, sería necesario mantener la tasa sin cambios durante un periodo prolongado.
La gobernadora de Banxico, Victoria Rodríguez Ceja, ha señalado en declaraciones recientes que las decisiones futuras sobre la tasa de referencia dependenán de la evolución de las presiones inflacionarias en los próximos meses, sin comprometerse a un calendario específico de recortes.
Para el sector empresarial, este entorno de tasas elevadas combinado con inflación moderada genera un panorama mixto. El costo del financiamiento continúa siendo alto para empresas que dependen del crédito bancario para financiar capital de trabajo o proyectos de expansión, lo cual limita el ritmo de inversión en sectores sensibles a la tasa de interés, como bienes raíces y construcción.
Al mismo tiempo, la moderación en el ritmo de incremento de precios facilita la planeación financiera de mediano plazo para las empresas, en particular en lo relativo a costos de insumos y renegociación de contratos con proveedores, un aspecto especialmente relevante para compañías del sector manufacturero y de consumo masivo.
Algunos economistas del sector privado, como Marco Oviedo de la firma XP, han señalado que la sorpresa a la baja en la inflación de junio podría fortalecer los argumentos de los miembros más moderados dentro del consejo de Banxico, especialmente si la tendencia de desaceleración se mantiene durante julio y agosto, lo que podría abrir la puerta a un primer recorte de tasas hacia septiembre.
No obstante, el propio banco central ha identificado varios riesgos que podrían revertir esta trayectoria favorable. Entre ellos se encuentran las disrupciones en la política comercial internacional, la inestabilidad geopolítica, los efectos del cambio climático sobre los precios agrícolas, las presiones en costos logísticos globales y una eventual depreciación del peso mexicano frente al dólar estadounidense.
En su comunicado, Banxico reiteró que su proyección contempla que la inflación converja hacia la meta puntual de 3 por ciento hasta el segundo trimestre de 2027, lo que confirma que el banco central no anticipa una normalización rápida, sino un proceso gradual que se extenderá durante varios trimestres más.
La estabilidad relativa del tipo de cambio peso-dólar durante los últimos meses ha jugado un papel relevante en la contención de las presiones inflacionarias importadas, un factor que diversos analistas destacan como clave para explicar la mejora observada en el índice general de precios durante el primer semestre del año.
Para los directores financieros y de tesorería corporativa, el mensaje de Banxico es claro: la política monetaria continuará siendo restrictiva mientras persistan presiones en la inflación de servicios, lo que sugiere que el costo del crédito se mantendrá elevado al menos durante el tercer trimestre de 2026, antes de que pueda evaluarse con mayor certeza el inicio de un ciclo de recortes en la tasa de referencia.