Claudia Sheinbaum y Howard Lutnick durante una conversación virtual sobre el T-MEC y los arancelesLa conversación virtual ocurrió mientras México y Estados Unidos preparan nuevas negociaciones comerciales vinculadas con el T-MEC.

La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, sostuvieron el miércoles 9 de septiembre de 2026 una conversación virtual entre México y Estados Unidos, luego de que el funcionario estadounidense no pudiera viajar a Ciudad de México para el encuentro presencial previsto. El diálogo ocurrió mientras ambos gobiernos preparan una nueva ronda de conversaciones comerciales vinculada con la revisión del T-MEC y mantienen diferencias por los aranceles al acero, aluminio y sector automotor. ([elfinanciero.com.mx](https://www.elfinanciero.com.mx/economia/2026/09/09/lutnick-cancela-reunion-con-sheinbaum-en-cdmx-encuentro-con-secretario-de-comercio-de-eu-sera-via-zoom/?utm_source=openai))

El cambio de formato no modificó el tema central: México busca conservar condiciones preferenciales para sus exportaciones y reducir el impacto de medidas estadounidenses que, en varios casos, no forman parte del tratado trilateral. Estados Unidos, por su parte, ha colocado sobre la mesa asuntos de seguridad económica, reglas de origen, dependencia de proveedores externos y posibles mecanismos para evitar que empresas de países no integrantes del acuerdo utilicen a México como plataforma de acceso al mercado estadounidense.

En breve

  • La reunión entre Sheinbaum y Lutnick se realizó por videoconferencia el 9 de septiembre, después de que el secretario estadounidense cancelara su traslado a México por problemas con su vuelo.
  • La agenda combina la revisión conjunta del T-MEC con disputas arancelarias que Washington aplica mediante instrumentos legales distintos al tratado.
  • Los sectores mexicanos más expuestos son el automotor, el acerero, el aluminio, las manufacturas vinculadas con cadenas norteamericanas y algunas actividades agroindustriales.

Una negociación con dos pistas

La principal precisión para entender el momento es que no todo lo que se discute con Washington pertenece formalmente al T-MEC. El acuerdo establece reglas de acceso preferencial, origen de las mercancías, disciplinas laborales, procedimientos aduaneros, servicios, inversión y mecanismos de solución de controversias. Su revisión conjunta busca evaluar el funcionamiento del tratado y definir si los tres países desean extender su vigencia o introducir ajustes.

En paralelo, Estados Unidos ha impuesto o examinado aranceles con base en herramientas de su legislación interna, como la Sección 232, utilizada para justificar medidas relacionadas con seguridad nacional. Los gravámenes al acero y al aluminio son el ejemplo más claro. También existen medidas específicas para automóviles y autopartes que pueden afectar a productos mexicanos incluso cuando la discusión no consiste en modificar directamente el texto del T-MEC.

La diferencia es relevante para la ciudadanía y para las empresas. Una modificación al tratado requeriría una negociación trilateral y, eventualmente, procesos de aprobación legislativa. Un arancel sustentado en legislación estadounidense puede ser anunciado y aplicado por Washington como una medida externa al acuerdo, aunque sus efectos terminen presionando a México para aceptar nuevas condiciones dentro de la relación comercial.

Qué se ha negociado hasta ahora

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos informó en julio que la tercera ronda bilateral con México, relacionada con la revisión conjunta del T-MEC, abordó acero y aluminio, automóviles, seguridad económica, trabajo, agricultura y servicios de pagos electrónicos. La dependencia estadounidense también señaló que ambos gobiernos discutirían formas de reforzar las cadenas regionales de suministro y cerrar posibles vías de aprovechamiento por parte de países que no son socios del acuerdo. ([ustr.gov](https://ustr.gov/about/policy-offices/press-office/press-releases/2026/july/united-states-and-mexico-convene-mexico-city-third-bilateral-negotiating-round-related-joint-review?utm_source=openai))

La Secretaría de Economía mexicana confirmó entonces que las conversaciones incluían esos mismos sectores y que los equipos de ambos países acordaron preparar una cuarta ronda en Washington durante septiembre. El comunicado mexicano describió el diálogo como constructivo, pero no anunció un acuerdo para retirar los aranceles ni una solución definitiva para la industria automotriz. ([gob.mx](https://www.gob.mx/se/prensa/declaracion-conjunta-431118?utm_source=openai))

El antecedente muestra que la estrategia de ambos gobiernos consiste en avanzar primero mediante mesas bilaterales, aun cuando el T-MEC es un acuerdo entre México, Estados Unidos y Canadá. La elección de este formato permite a Washington concentrarse en sus diferencias con México, mientras Ottawa mantiene su propio canal de negociación con Estados Unidos.

Los sectores mexicanos bajo mayor presión

Automóviles y autopartes

La industria automotriz es el punto de mayor sensibilidad porque integra plantas, proveedores y cruces fronterizos en los tres países. Las reglas de origen del T-MEC determinan qué proporción del contenido de un vehículo debe producirse en América del Norte para obtener trato preferencial. Cualquier ajuste en componentes, acero, aluminio o procesos de certificación puede elevar costos y alterar decisiones de inversión.

Para México, la prioridad es que los vehículos y autopartes que cumplen con el tratado no reciban un castigo adicional. Para Estados Unidos, la preocupación se concentra en el contenido regional, la competencia de proveedores asiáticos y la posibilidad de que mercancías fabricadas fuera de Norteamérica entren al mercado estadounidense después de una transformación limitada en México.

Acero y aluminio

El gobierno mexicano ha sostenido que los aranceles estadounidenses son desproporcionados porque México compra cantidades importantes de acero a Estados Unidos y las cadenas productivas están estrechamente integradas. La Secretaría de Economía también ha señalado que el aluminio presenta una situación distinta, debido a la dependencia mexicana de insumos y a la limitada disponibilidad de minerales nacionales. ([gob.mx](https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-de-la-presidenta-claudia-sheinbaum-pardo-del-29-de-julio-de-2026?utm_source=openai))

El impacto no se reduce a las acereras y fundidoras. Los costos de metales repercuten en maquinaria, construcción, electrodomésticos, envases, infraestructura, transporte y manufacturas exportadoras. Por eso, una negociación sectorial puede afectar precios y márgenes de empresas que no exportan directamente a Estados Unidos, pero que compran insumos vinculados con esas cadenas.

Manufactura y proveedores

La discusión sobre seguridad económica puede traducirse en nuevas exigencias para semiconductores, electrónica, minerales críticos y otros bienes considerados estratégicos. En abril, la Secretaría de Economía informó que México y Estados Unidos analizaban la reducción de dependencias externas en cadenas de suministro y el fortalecimiento de la producción regional. ([gob.mx](https://www.gob.mx/se/prensa/segunda-reunion-bilateral-entre-la-secretaria-de-economia-y-la-representacion-comercial-de-estados-unidos?idiom=es&utm_source=openai))

Esto abre oportunidades para atraer inversión a México, pero también implica obligaciones. Las empresas podrían enfrentar más requisitos de trazabilidad, controles de origen y revisión de sus proveedores. En la práctica, el acceso preferencial al mercado estadounidense dependerá cada vez más de demostrar no sólo dónde se ensambló un producto, sino de dónde provienen sus componentes y materias primas.

La posición mexicana y el margen de maniobra

La administración de Sheinbaum ha colocado como líneas rojas la protección de la soberanía económica, la defensa del empleo y la permanencia de condiciones comerciales previsibles. Esa postura busca evitar que la revisión del T-MEC se convierta en una negociación general sobre asuntos que Washington pueda vincular con déficits comerciales, migración, seguridad o política industrial.

Al mismo tiempo, México necesita preservar el acceso al mercado estadounidense. Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones mexicanas y una parte considerable de la actividad manufacturera depende de cadenas binacionales. Una escalada arancelaria elevaría la incertidumbre para nuevas inversiones y podría trasladar costos a productores y consumidores.

La Secretaría de Economía ha descrito el tratado como vigente y favorable para México, pero también ha reconocido que Washington plantea preocupaciones adicionales. En julio, Marcelo Ebrard explicó que el proceso de revisión contempla reuniones periódicas y que, una vez atendidas las inquietudes de las partes, podría buscarse una extensión del acuerdo. ([gob.mx](https://www.gob.mx/se/prensa/participacion-del-secretario-de-economia-marcelo-ebrard-durante-la-mananera-del-pueblo-429726?utm_source=openai))

Qué puede ocurrir después

El siguiente paso será observar si la conversación política entre Sheinbaum y Lutnick produce instrucciones concretas para los equipos negociadores. La señal más importante no será necesariamente un anuncio amplio, sino posibles acuerdos sectoriales: excepciones arancelarias, mecanismos para acreditar el origen de los metales, compromisos sobre compras regionales o calendarios para revisar medidas contra vehículos y autopartes.

También será clave distinguir entre una concesión temporal y un cambio permanente. Una exención administrativa puede aliviar a una industria durante algunos meses sin resolver la incertidumbre de fondo. En cambio, una solución incorporada al marco del T-MEC ofrecería mayor previsibilidad, aunque requeriría un proceso político y jurídico más complejo.

Por ahora, la reunión virtual confirma que la relación comercial entró en una etapa en la que la diplomacia presidencial y la negociación técnica avanzan juntas. México no sólo discute aranceles: intenta evitar que la revisión del T-MEC se convierta en un mecanismo para imponer condiciones unilaterales sobre sectores estratégicos. Para las empresas y los consumidores, el resultado definirá cuánto costará producir, exportar e invertir en América del Norte durante los próximos años.

Fuentes consultadas

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