Embarcaciones trabajan en la reparación de un ducto marino frente a CampechePemex mantiene trabajos submarinos y embarcaciones de contención en el área del ducto afectado en Ek-Balam.

Petróleos Mexicanos informó el domingo 13 de septiembre de 2026 que alcanzó 70% de avance en la remoción del lastre de concreto de un ducto marino afectado por una fuga en el sistema Ek-Balam, frente a las costas de Campeche. La infraestructura, ubicada a unas 46 millas náuticas al norte de Ciudad del Carmen, permanece despresurizada, aislada en sus extremos y sin flujo, de acuerdo con la empresa. La intervención se realiza en aguas del Golfo de México, a aproximadamente 50 metros de profundidad, con personal especializado en buceo de saturación y embarcaciones dedicadas a la contención y recuperación de hidrocarburos.

El reporte de Pemex representa un avance operativo, pero no equivale todavía al cierre del incidente. La petrolera también señaló que la envolvente metálica que cubrirá el tramo dañado registra 80% de progreso en su fabricación y que los trabajos submarinos continuarán hasta completar la reparación. Mientras tanto, la empresa mantiene equipos de contención, recolección y dispersión mecánica en el área.

En breve

  • Pemex reportó 70% de avance en el retiro del lastre de concreto del ducto marino.
  • La compañía sostiene que el ducto está aislado, sin flujo y sin emanación de crudo, y que no identifica riesgo de llegada de hidrocarburo a la costa.
  • La cantidad total derramada y la extensión definitiva de la mancha aún no han sido establecidas públicamente de manera completa.

Qué ocurrió en el ducto de Ek-Balam

La cronología comenzó el 10 de septiembre, cuando personal del Activo de Extracción Cantarell detectó una caída de presión en un ducto marino de recolección de hidrocarburos. Según el comunicado oficial de Pemex, la línea transportaba producción proveniente de las plataformas Ek-TA, Balam-TA, Balam-A, Balam-TB y Balam-TA2.

La respuesta inicial consistió en despresurizar el ducto y cerrar las válvulas de seguridad ubicadas en sus extremos. Pemex informó que, desde ese momento, la línea permanece sin flujo y sin emanación de aceite crudo. Ese dato es relevante porque indica que la prioridad inmediata fue detener el transporte de hidrocarburos por el tramo afectado antes de retirar el recubrimiento y acceder a la zona de pérdida de contención.

El mismo 10 de septiembre llegaron al sitio embarcaciones especializadas para realizar dispersión mecánica y colocar barreras oleofílicas. Además, buzos localizaron el punto de pérdida y comenzaron las tareas de reparación. La empresa reportó posteriormente que concluyó el dragado del lecho marino y que la fase siguiente consiste en retirar el lastre de concreto que recubre el ducto.

Por qué el avance de 70% no significa que el caso haya terminado

El lastre de concreto cumple una función de protección y estabilidad para una tubería instalada en el lecho marino. Su retiro permite exponer el tramo afectado y preparar la instalación de una estructura de reparación. En este caso, Pemex indicó que fabrica una envolvente metálica para cubrir la sección dañada; esa pieza tenía un avance de 80% el 13 de septiembre.

La diferencia entre retirar el lastre y concluir la reparación es importante. Aunque la empresa ya reporta progresos en ambas etapas, todavía deben completarse la intervención física, la colocación de la envolvente, las verificaciones de seguridad y las condiciones necesarias para que el sistema pueda volver a operar. Pemex estima que la reparación concluirá en los días siguientes, pero el ducto no ha sido reportado como rehabilitado ni reactivado.

Por ello, la permanencia de barcos de contención y recuperación funciona como una medida preventiva. La petrolera dijo que estos equipos permanecerán en el sitio hasta que finalicen los trabajos. Esto significa que la operación continúa bajo un esquema de vigilancia y respuesta, aun cuando Pemex sostiene que la fuente de emisión ya está controlada.

Qué se sabe sobre el posible impacto ambiental

Pemex afirmó que, con base en su monitoreo, no identifica riesgo de que el hidrocarburo llegue a la línea de costa. La vigilancia, según la compañía, se realiza mediante patrullajes terrestres, recorridos en embarcaciones y sobrevuelos coordinados por el Grupo Regional de Atención y Manejo de Emergencias de la Región Marina Noreste, en colaboración con la Secretaría de Marina. El área observada se extiende desde la desembocadura del río Grijalva, en Tabasco, hasta las costas de Ciudad del Carmen, Campeche.

La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación informó que el Observatorio Permanente del Golfo de México detectó el incidente el 10 de septiembre y activó un esquema de observación continua y pronóstico de la deriva de la mancha. La Secretaría de Marina también activó el Plan Local de Contingencias y desplegó una patrulla oceánica, cuatro embarcaciones, dos aeronaves y 255 elementos navales para apoyar las labores mar adentro.

El pronóstico disponible ha sido relativamente favorable para la costa: los modelos citados por el Observatorio apuntaron a un desplazamiento neto hacia el oeste durante los cinco días posteriores a la detección, con baja probabilidad de llegada a playas o áreas sensibles en ese periodo. Sin embargo, una proyección de deriva no sustituye la medición final del volumen liberado ni una evaluación ambiental de largo plazo.

Ahí se encuentra uno de los principales puntos pendientes. Coberturas independientes, entre ellas El País México, señalaron que Pemex no había dado a conocer la magnitud total de la fuga ni la extensión definitiva del mar cubierto por crudo. Ese medio citó una estimación de aproximadamente cuatro kilómetros cuadrados atribuida a la plataforma Cerulean, desarrollada por SkyTruth para detectar derrames petroleros. La cifra debe entenderse como una estimación satelital reportada por un medio, no como un dato oficial consolidado.

El antecedente que vuelve relevante el monitoreo

El incidente ocurre en una zona con antecedentes de fugas. En julio de 2023 se registraron dos escapes de petróleo en el complejo Ek-Balam. El País reportó entonces que investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México estimaron una mancha de hasta 467 kilómetros cuadrados, mientras Pemex sostuvo que el área afectada era considerablemente menor, de 0.06 kilómetros cuadrados.

La diferencia entre esas mediciones muestra por qué la información sobre un derrame no debe limitarse al comunicado de la empresa responsable. La comparación de imágenes satelitales, reportes de autoridades, inspecciones regulatorias y observaciones de campo ayuda a establecer el tamaño de la mancha, su trayectoria y sus efectos. En el caso actual, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente informó que realizó una inspección ordinaria el 11 de septiembre, de acuerdo con reportes de prensa que retomaron la comunicación oficial de Pemex.

También existe un antecedente reciente en 2026: un derrame ocurrido meses atrás llevó al Gobierno mexicano a crear el Observatorio Permanente del Golfo de México, concebido para fortalecer el monitoreo, generar alertas tempranas y apoyar la respuesta ante contingencias. Esa infraestructura científica y operativa permite contar con una referencia independiente adicional, aunque sus pronósticos deben complementarse con mediciones directas y una publicación completa de resultados.

Qué falta por aclarar

Los próximos reportes deberían precisar cuándo quedó reparado el ducto, qué pruebas se realizaron antes de cualquier reactivación, cuánto hidrocarburo fue recuperado y cuál fue el volumen estimado de la fuga. También será relevante conocer si las inspecciones detectaron afectaciones en el lecho marino, fauna, pesca o zonas costeras.

Por ahora, la información disponible permite sostener dos hechos simultáneos: Pemex reporta avances concretos para detener y reparar la infraestructura dañada, y las autoridades indican que no se prevé llegada del hidrocarburo a la costa en el horizonte inmediato. Pero el tamaño total del evento y sus consecuencias ambientales no están plenamente cuantificados. Para la ciudadanía de Campeche y Tabasco, la diferencia entre ambas dimensiones —la respuesta operativa y la evaluación ambiental— será clave para saber si el incidente quedó contenido o si requiere medidas adicionales.

Fuentes consultadas

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