El salto de México al segundo lugar mundial como exportador de insumos para sistemas de inteligencia artificial no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia de años de consolidación manufacturera y de un proceso de relocalización que reconfigura las cadenas de suministro tecnológicas. Para los líderes empresariales, este cambio abre una ventana de oportunidades que exige decisiones estratégicas rápidas y bien informadas.
De maquiladora a socio tecnológico
Durante décadas, México se consolidó como plataforma manufacturera orientada a la exportación, con especial peso en el sector automotriz, la electrónica y el equipo de cómputo. En los últimos años, esa vocación productiva ha evolucionado hacia segmentos de mayor complejidad: componentes para centros de datos, dispositivos para procesamiento intensivo y partes de infraestructura crítica para sistemas de inteligencia artificial.
Reportes citados por La Jornada, con base en cifras del Banco Mundial, confirman que México ya ocupa el segundo lugar mundial como exportador de productos utilizados para construir sistemas de IA, solo detrás de China.
El motor detrás del salto exportador
BBVA Research identifica a la industria de computación y electrónicos como uno de los principales motores de exportación durante 2025, con una alta integración a la red productiva concentrada en el norte y centro del país. La demanda asociada a la expansión de centros de datos en Estados Unidos ha sido un factor determinante en este dinamismo.
Esto sugiere que la relación comercial entre México y Estados Unidos se profundiza no solo en volumen, sino en sofisticación tecnológica, un cambio cualitativo relevante para la política industrial del país.
Nearshoring: de la teoría a la práctica
El fenómeno de relocalización productiva ha llevado a numerosas corporaciones a considerar a México como base para plantas y centros de ensamblaje vinculados a infraestructura tecnológica. Los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, impulsados por el gobierno federal, buscan capitalizar esta tendencia atrayendo proyectos productivos hacia regiones específicas del país.
Sin embargo, el éxito de estos polos dependerá de resolver retos estructurales: infraestructura logística, disponibilidad de energía confiable, seguridad jurídica y esquemas de financiamiento accesibles para empresas medianas.
Escenarios para los próximos dos años
En un escenario optimista, México consolidaría su posición como hub de manufactura avanzada para IA, atrayendo inversiones significativas en semiconductores, servidores y equipos de redes, con efectos positivos sobre el empleo calificado y las exportaciones de alto valor agregado.
En un escenario base, el crecimiento de estas exportaciones continuaría, pero de forma más gradual, limitado por cuellos de botella en infraestructura y por la competencia de otros países emergentes que también buscan captar inversión en la cadena de valor tecnológico.
En un escenario conservador, la falta de avances en infraestructura energética y seguridad jurídica podría frenar el ritmo de nuevas inversiones, aun cuando la demanda global por insumos de IA se mantenga elevada.
¿Está su empresa lista para este cambio?
Para los ejecutivos, la pregunta relevante ya no es si México participará en la cadena de valor de la inteligencia artificial, sino qué papel jugará cada empresa dentro de ella. ¿Está su organización en condiciones de certificarse para proveer a la industria tecnológica? ¿Cuenta con los procesos de trazabilidad y ciberseguridad que exigen los grandes integradores globales?
Responder estas preguntas con anticipación será la diferencia entre observar el fenómeno del nearshoring tecnológico desde fuera o participar activamente en él, capturando una porción del valor que promete generar la revolución de la inteligencia artificial en los próximos años.